martes, 7 de noviembre de 2017

La Charla Pendiente


No sé a ustedes, pero a mí eso de las charlas pendientes no me gusta, me genera un estrés impresionante, y por más que quiera saber qué me van a decir me desagrada tener que ir a encontrarme con alguien para cumplir ese tipo de citas. No por orgullo, simplemente porque al no saber qué esperar de alguna manera uno busca protegerse y evadir.

Hace poco tuve que vivir una, afortunadamente todo salió mejor de lo que esperaba, pero esta situación en particular me llevó a reflexionar y a comprender que es mejor no dejar nada pendiente así el resultado no sea el mejor.

Vamos por la vida dejando asuntos por resolver por temor a ser dañados y no pensamos que podría pasar algo mejor y ser sorprendidos. Durante mi adolescencia fui de esas que dejó relaciones inconclusas, amistades a medias saliendo herida e hiriendo. Sin querer me convertí en alguien que le huía a la verdad y al dolor. Temía ser sincera y que fueran sinceros conmigo, como si esconderme fuera la manera propicia para resolver y como si el tiempo no se encargara de lanzarte preguntas como: ¿qué hubiera pasado sí?

No deseo extender mucho este escrito, en realidad lo que quiero es motivarlos a resolver los asuntos pendientes, a ir con la verdad y esperar lo mismo. Pero sobre todo a dejar el orgullo de lado y tratar de cerrar el ciclo, sea para no volver o para reiniciar, para darse cuenta de que tenían razón o simplemente para entender que estaban mal. No hay nada peor que quedarse con la duda y no hay nada mejor que cerrar los capítulos de nuestras vidas para seguir escribiendo unos mejores.

Santalulada 




martes, 22 de agosto de 2017

Peregrinos



Ph. Camilo Fierro 


Sentir la libertad a través de un recorrido sencillo, experimentar gozo mientras vas por el camino. Así se siente cuando dejas de lado los miedos y te arriesgas a enfrentar tu destino. Cuando por fin reconoces que eres solo un peregrino, tu corazón cambia al instante y de tu mente se aleja el ruido.

Y es que no vinimos al mundo a vivir con temor, mucho menos a quedarnos lamentándonos de todo aquello que nos pasó. Vinimos con un propósito dado por alguien superior y en su voluntad perfecta es donde hallamos paz y descanso en medio de tanto rencor.


viernes, 4 de agosto de 2017

Lo desconocido




 Estando aquí en Dallas descubro cada vez más cosas, no hablo de lugares o de comidas, me refiero a cosas en mi corazón, ese que parecía estar perfecto y que ahora fuera de su zona de confort no lo está tanto. 


Cuando estamos lejos de lo conocido, todo lo que hacemos y somos varía. Es como si un terremoto muy fuerte desacomodara todo alrededor y por obvias razones debes reconstruir. No se trata de un tema de coherencia, ni que allá fueras uno y acá otro, solo que te expones tanto con tu fragilidad que ese encuentro frente a frente con ella te hace ver de qué estás hecho y qué te falta. 


Nunca he estado más feliz como ahora. Es como si un rompecabezas nuevo comenzara armarse en cada camino que recorro y a través de cada persona que conozco, me encuentro con lo peor de mí pero a la vez me reencuentro con lo mejor que tengo. Mientras más me alejó de lo desconocido suelto las máscaras que creí me protegían, entre más me alejo me gusta más como Dios me creó. 


No creo que sea necesario irse de un lugar para vivir lo que estoy viviendo, para cambiar no se necesita tomar un avión y vivir muy lejos, se necesita decisión, alejarse de la zona de confort, dar un salto a las mentiras y sonreírle un poco a tu propio corazón. Se necesita coquetearle a nuestra alma, preguntarle cómo está, arriesgarse sin temores y hacer Su voluntad (la de Dios). 


Por años hemos estado armando nuestras historias basados en lo que otros nos dijeron que debían ser, pero ignoramos lo que nuestro creador quería en esencia que fuéramos, escribimos libretos basados en las vidas de otros pero tememos escribir nuestra historia. 


Vivamos un día a la vez, un día tras otro aprendiendo que ser nuestra mejor versión es la mejor manera de darle gracias a Dios por el regalo de estar vivos. Veamos lo desconocido como la mejor oportunidad. 


jueves, 13 de julio de 2017

Del sur al norte



 Ph. @santa_lulada

Me veo años atrás soñando con lo que estoy viviendo, no precisamente en este lugar, no con otro idioma, pero si lejos de todo lo conocido y recorriendo calles nuevas. En ese momento no tenía claro que no era donde yo quisiera sino donde Él propusiera. Quería ir al sur pero me trajo al norte. Yo quería bohemia y Él llevar su verdad.


Todos me hablan del sueño americano y estando aquí a mí me abruma solo nombrarlo. Me asusta desde llenarme de cosas innecesarias, hasta perder mi acento para que me acepten. No quiero perder la alegría, ni olvidarme que fue la cumbia la que me encantó antes que el pop. Quiero aprender lo bueno, disfrutar sin olvidar quién soy.


Estando aquí he comprendido que no pertenezco a un solo lugar, que soy hija de aquel que se movió junto al viento y viajó a lugares diversos, Él no tenía si quiera un lugar donde recostar su cabeza. Estoy aprendiendo que mi seguridad no depende de un país sino de mi confianza en Jesús.


Y mientras experimento cada cambio, mientras espero hablar de forma fluida del amor de Dios en un nuevo idioma, comprendo de a poco que una sonrisa, el amor y los abrazos son las mejores maneras para hacer real lo que con palabras por ahora no puedo expresar. Dios me trajo hasta aquí y no sé a donde me lleve toda esta experiencia, solo pido no olvidar que yo soy su pueblo y a donde quiera que me lleve él será mi Dios.


Porque nada en esta tierra nos hará completamente felices, ni el sueño cumplido. Pues cada sueño trae su propio reto y cada reto su alegría y dolor.

miércoles, 5 de julio de 2017

El libro de Dios



Una vez escuché que cuando me arrepentía de corazón y pedía perdón por mi pecado, Dios borraba de su libro inmediatamente toda la información que le recordara lo que hice. Era mi decisión si volvía a escribir allí la misma historia, nadie más podría dañar con tinta lo que Él había borrado con la sangre de su hijo.

Aunque me pareció maravilloso este nivel de perdón ofrecido por Dios, con los años me di cuenta que esta verdad preciosa y liberadora no era lo que estaba viviendo. Tenía el deseo de ser diferente y vivir una vida única para Él, pero constantemente los errores del pasado no me dejaban dar los pasos suficientes.

Los recuerdos de las malas decisiones venían en forma de pesadilla. La culpa se llevaba los sueños, y no eran los míos sino los de Dios los que parecían irse de mis manos.

Creí que solo haciendo cosas podría saldar mis pecados del pasado, me uní en una desenfrenada ola de actividades dentro de la iglesia y fuera de ella, todo lo que pudiera dar a otros sería mi penitencia para sentirme perdonada. Pero nada funcionó.

Un día leyendo la Biblia me encontré con este versículo en Segunda de Corintios 7:10  “la tristeza que Dios busca es la que produce un cambio de corazón y de vida. Ese cambio lleva a salvación y por ello no hay que lamentarse. En cambio, la tristeza del mundo lleva a la muerte”(PDT).

Me había arrepentido de corazón años atrás, ya no era igual, los errores que cometía no eran los mismos y mi deseo de agradar a Dios era genuino. Entendí que el perdón de Dios no se parece al nuestro, para Él el arrepentimiento es merecedor de un banquete y un momento de sabiduría es suficiente para darle un giro a una historia.

No necesitaba hacer más que honrar lo que Jesús había hecho por mí en la cruz, valorar cada pequeña gota de sangre que había pagado por mi salvación. Supe que haría muchas cosas mal durante mi proceso con Él, pero sabía que si iba todos los días a sus brazos de amor, su perdón inagotable alcanzaría para borrar una y otra vez de su libro mi ofensa y escribir sobre las páginas en blanco los aciertos en nuestra relación



 santalulada

lunes, 4 de abril de 2016

Sin Facebook y aún sigo existiendo



No me gusta la era que estamos viviendo, tantas libertades, tantas opiniones a veces me confunden y me llenan de temor. No quiero decir que no me guste el tiempo en el que Dios me ha puesto para vivir, lo que no me gusta es la forma en que lo estamos viviendo. 

Llevo más de un año sin Facebook y no quiero con esto que sientan que me creo mejor persona, pero si quiero contarles que ha sido un tiempo valioso y que, aunque tengo la tentación de entrar muchas veces para recuperar algunos contactos cada vez que lo intento me da una pereza enorme regresar así mis intenciones sean las mejores. 

Dejé el Facebook porque me fastidié del bullying que personas cercanas y que no son cristianas realizaban cada vez que yo expresaba algo, sin querer que se sintieran aludidas, ellas siempre se sentían aludidas y hacían de mi muro un lugar de burla, ofensas que realmente eran agobiantes.
Dejé el Facebook porque pasaba la mayor parte del tiempo allí, viendo las mismas cadenas, los mismos vídeos, los mismos comentarios y me la pasaba suponiendo sobre la vida de otros como sabía que otros suponían de la mía. 

Dejé el Facebook porque mientras no lo tuve fui feliz, recuerdo que fue una amiga de la infancia quien me abrió la cuenta y me animó a tenerla, luego de eso empezaron aparecer personas de mi pasado, algunos agradables y otros que simplemente eran fantasmas tratando de alcanzarme y abrumarme con los recuerdos.

Y entre otras cosas dejé el Facebook porque me fastidié al ver como entre cristianos nos estábamos matando con palabras en vez de alcanzar a muchos con las mismas. Lo dejé para vivir un poco más y enredarme un poco menos, porque tanto chisme y relaciones poco profundas estaban haciendo que yo olvidara lo verdaderamente valioso de una amistad.

Confieso que tiendo a ser algo obsesiva con las cosas, cuando algo me gusta mucho puedo estar inmersa en ello por mucho tiempo, he luchado con la aceptación desde niña y sin duda siempre he querido responder y decir lo que pienso. Y eso en las redes es como un coctel que te tumba en segundos. A mí no me funciona tener Facebook, pero entiendo y sé que a muchas otras personas sí, y es a ellos a quien quiero invitarlos a algo, úsenlo de manera sabia y de vez en cuando salgan de allí para ir a ver a todos esos contactos que tienen, si tienen algún contacto por chisme no teman sacarlo, de nada vale amargarnos por la vida de otro que no podemos cambiar. 

Finalmente vivan, dejen vivir y sobre todo sepan que la realidad es más profunda que un simple estado, una foto o un comentario. El corazón no se conoce del todo en las redes y creo que sin querer queriendo lo que hemos querido todos en algún momento es obtener un poco más de atención y esa atención solo se encuentra en las relaciones cara a cara, donde podemos sentirnos, abrazarnos, reír, hablar y conocer de primera mano lo que sucede con el otro. 

Si sientes que no sirves para tener Facebook déjalo sin miedo, no va a pasar nada, no dejas de ser lo que eres y tampoco dejas de existir. Si crees que puedes seguir manteniéndolo no hagas de este tu vida entera. 

Por. Lucía Hernández- Santalulada.