lunes, 29 de enero de 2018

Dejando atrás lo que estorba.




La Biblia nos dice en Proverbios 20:18 “afirma tus planes con buenos consejos; entabla el combate con buena estrategia” (NVI). Estas próximas semanas, quiero retarte a ser una persona estratega. Quiero que juntos podamos vencer todos esos enemigos que no nos permiten avanzar en nuestra carrera como cristianos.

Quizá ya has escuchado la frase “salir de la zona de confort”, diferentes motivadores, predicadores y personas, la usan para retar a otros a hacer eso que hasta ahora no se han atrevido por miedo. Por eso esta semana quiero retarte a salir de esa zona cómoda.

Cuando estaba preparando estos nuevos temas de devocionales, Dios me llevó a darme cuenta de lo cómodos que vivimos en nuestros pecados favoritos. Sí, pecados favoritos; que parecen insignificantes al lado de los que cometíamos antes, pero que están estorbando nuestro camino. De esa zona de confort es de la que quiero que salgamos juntos.

Les voy a confesar cuál es mi pecado favorito: últimamente me ha dado por darle espacio al malgenio, ¡y vaya que luchar contra eso trae sus batallas duras! Tal vez el tuyo no sea ese, pero qué de las mentiras “blancas”, la cantaleta, la pereza, la postergación, la criticadera, manipulación etc… Pecados que parecen inocentes, pero que nos hacen mucho daño y de los que debemos salir rápidamente.

¿Pero cómo salimos de allí? Sencillo, está será nuestra primera estrategia: todos los días de esta semana vamos a pedirle a Dios que nos haga conscientes de eso que venimos haciendo mal y que sabiéndolo o no, nos aleja de su propósito y de vivir una vida en abundancia. Cada vez que identifiques algo vas a escribirlo en un listado, este nos ayudará a orar con mayor efectividad y nos permitirá pedir perdón con mayor claridad.

No te desanimes. No se trata de pensar que todo lo hacemos mal, sino de depender más de Dios y poder trabajar de su mano eso que necesitamos dejar por nuestro bien, y si lo piensas el bien de todos los mortales que nos rodean. No olvides: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo!” 2 Corintios 5:17 (NVI) Dios tiene preparadas para ti cosas increíbles y sobrenaturales, no está de más limpiar la casa para recibirlas.


lunes, 22 de enero de 2018

No lo intentes más

Esta semana estuve viendo una película para adolescentes, ya sé que estoy muy grande para eso, pero por alguna razón Dios siempre me habla a través de ellas. En esta ocasión fue The Outcasts o Los Marginados en su versión en español la que terminó ministrando mi vida. Y luego de verla llegué a una conclusión: ¡Me cansé de intentar! Sí, ya no quiero intentar más.

Una y otra vez intenté escribir, crear contenido, cocinar, ser mejor amiga, esposa, líder, hablar inglés, cantar y otras tantas cosas sin ver resultados. Definitivamente intentar ha sido agotador, por eso hoy renuncio públicamente a seguir intentando, porque por primera vez en mi vida quiero hacer que las cosas pasen.

Te lo explico mejor. En la película, la protagonista le dijo a su mejor amiga una frase usada por el maestro Yoda en Star Wars: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes” ¿están leyendo? ¡No lo intentes! Esta frase no solo me encantó, sino que confrontó mi corazón.

La Biblia en Santiago 1:22 nos invita a no ser solo oidores de la palabra sino hacedores. Así mismo, es en nuestra vida y en cada propósito o cambio que queremos realizar, por eso necesitamos dejar de intentar y pasar a la acción. Es posible que en el proceso debamos hacer ajustes, buscar estrategias y nuevas formas de llegar a la meta, pero recuerda: en todo tiempo y en cada reto tenemos a Jesús de nuestro lado dispuesto a mostrarnos lo que debemos hacer y disponible 24/7 para motivarnos a no desistir.

Pidamos a Dios que nos ayude a través de su Espíritu Santo a ser hacedores, a dejar de lado cada cosa que nos impide avanzar, y sobre todo a ver a Jesús como nuestro ejemplo y nuestro socio en cada cosa que estamos haciendo.


De corazón anhelo que a final de este año, puedas ver un balance positivo en tus propósitos y no un saldo pendiente contigo mismo. 

lunes, 15 de enero de 2018

Devocional Semanal: ¿cómo vamos con las excusas?

Yo no sé si a ustedes les pase igual, pero cada vez que comienzo algo o que no veo los resultados esperados en lo que estoy haciendo, me asaltan un montón de dudas, todas apuntando a lo mismo: ¿vale la pena lo que estoy haciendo?

Y es que a mi mente llegan pensamientos como: nadie te va a ver, leer o deberías estar haciendo otra cosa porque para esto no eres buena. Y sé que no soy la única porque frecuentemente escucho personas a mi alrededor, que me manifiestan con sus palabras dudas muy similares con aquello que están llevando a cabo.

No te voy a decir que esto va a dejar de suceder. Para nada, por el contrario, soy de las que cree que cuando te atreves a soñar y arriesgarte hacer esas cosas que creías imposibles, vendrán una y otra vez estas mismas preguntas. Y realmente el problema no es que aparezcan, sino que las conviertas en tus excusas favoritas para no continuar con lo que estás haciendo.

No sé si ya lograste bajar tu primer kilo, si empezaste con tus clases de inglés o si le pusiste nombre a ese proyecto en el que quieres trabajar. No sé si tus propósitos están tomando forma o si están en crisis.

Por eso, esta semana quiero proponerte que hagas lo que nos dice 2 Corintios 10:5 “lleva cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo” sí, cada uno, sin reparos. Deja de consentir en tu cabeza esas ideas perjudiciales que te están alejando de tus propósitos personales, y peor aún del propósito de Dios para tu vida.

Hace tiempo aprendí que las excusas no nos dejan avanzar y que, si no la reconocemos como un problema, veremos frustrado todo a nuestro alrededor. ¿Quieres soltar las excusas?


Señor, hoy te pedimos que tu Espíritu Santo nos ponga alerta cuando estemos pasando por momentos de duda, que nos ayude a identificar las mentiras que estamos creyendo y esas excusas favoritas que no nos están permitiendo cumplir con lo que pusiste en nuestras manos. Recuérdanos que podemos llevar cautivo cada uno de nuestros pensamientos a tu obediencia, y que tú puedes limpiar con tu preciosa sangre nuestra mente de todos ellos. 

lunes, 8 de enero de 2018

Devocional semanal: Chao doble ánimo.

Arrancamos la segunda semana del año, algunos ya están cumpliendo sus propósitos y otros están esperando las condiciones adecuadas para realizarlos. La cuestión es que al pasar los días las ganas se nos agotan, y al no ver los resultados esperados vamos dejando de lado la emoción de los primeros días.

Ya hemos venido trabajando en dejar de lado la pereza y debemos continuar erradicándola, pero ahora debemos dar un paso más complicado: abandonar el doble ánimo.

Y es que la persona de doble ánimo no es muy bien vista en varios lugares de la Biblia, sobre todo en Santiago 1:6-8, quien la describe como una persona que le falta fe y se deja invadir fácilmente por la duda.

¿Tienes miedo de no lograr lo que te propones? La solución a esto no es dejar de hacer. ¿Te da miedo fracasar? Dejar tirado cada proyecto que emprendes no se llevará el miedo, ni traerá a tu vida el éxito que quieres alcanzar. ¿Te importa lo que puedan decir los demás? La gente siempre tendrá una opinión al respecto de cómo debes llevar tu vida, pero recuerda que Dios no hace las cosas como el mundo las hace.

Tenemos en Cristo el mejor ejemplo de alguien constante su sí, fue un sí y su no, fue un no. Sobre todo, el ejemplo de alguien que supo esperar los tiempos correctos, sin dejar de hacer lo que le correspondía para cumplir su mayor propósito.

Te quiero hacer unas preguntas: ¿Podrías esperar 30 años para que tu empresa sea exitosa? ¿30 años para ver el cuerpo soñado? O ¿30 años para ser la persona reconocida que sueñas ser? Pues Él esperó 30 años, y tan solo disfruto 3 viviendo su sueño en la tierra.

Pues bien, esta semana te invito a meditar en una gran verdad: Jesús, el que fue constante, es quien vive en ti y puede enseñarte a dejar el doble ánimo de lado. Pídele que te ayude, que te dé un empujón de ser necesario cada vez que tus emociones, miedos, dudas o falta de fe te aborden y quieran alejarte de lo que te propusiste hacer.

De seguro al tomar la decisión vendrán nuevas oportunidades disfrazadas de pruebas para ser fuerte en Jesús y vencer el doble ánimo. ¡Pero estoy segura, lo vas a lograr! 

lunes, 1 de enero de 2018

Devocional semanal: ¡Deja la pereza!

La Biblia nos dice en proverbios 13:4 “el perezoso ambiciona, y nada consigue; el diligente ve cumplido sus deseos” (NVI).

Comenzó el 2018, estamos llenos de retos, propósitos y ganas de hacer de este año algo diferente. Nada de esto es malo y por supuesto si de aquí al 31 de diciembre lo logramos estaremos de seguro muy felices.

Pero la Biblia es clara, dejar la pereza es uno de los principales propósitos para que veas esos deseos escritos hechos realidad. Hoy quiero animarte a que esta primera semana de enero saques la pereza de tu vida. Pídele a Dios que te ayude a ser fuerte, a levantarte temprano, y si es necesario ir unas horas más allá en la noche para cumplir con lo que te propongas.

Hay una promesa esperando por ti: si eres diligente verás tus deseos cumplidos. Este 2018 no es para ambicionar lo que otros tienen, sino para brillar con luz propia y alcanzar las promesas que Dios nos ha dado.


Señor, hoy te pedimos que nos des la diligencia suficiente para cumplir lo que nos propusimos, ayúdanos a entender que la pereza es un pecado y como pecado nos roba la libertad de ver tu voluntad realizada en nuestras vidas.  

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El piloto

Estoy comenzando mi segunda semana en New York, sí, otro cambio más en este año que parece no quiere dejarme quieta en un solo lugar y por el contrario se empeña en hacer de mi vida un viaje, cosa que para nada me molesta.

Pues bueno, el día que nos vinimos de Dallas, tuvimos la fortuna de viajar en un vuelo dirigido por un piloto que se notaba llevaba años haciendo este trabajo y con solo verlo generaba el suficiente respeto, confianza y aunque no lo crean ternura. Él un hombre alto, de bigote, bien vestido y con una sonrisa absolutamente agradable.  

Créanme, me da algo de estrés subirme a un avión, pero a este en particular no. Ese piloto se ganó mi confianza. Por tres horas y media iría relajada porque quien manejaba sabía lo que estaba haciendo.

Pero ustedes estarán preguntándose a qué quiero llegar con esta historia, ¡tranquilos! Resulta que cuando lo vi se me ocurrió la maravillosa idea, muy cliché por cierto, de que Dios era como ese piloto, al que durante todo este año le había dicho que sí en cada cosa loca que me pedía. Era perfecto, los viajes ayudaban como ejemplo y algunas experiencias vividas también. Pero como siempre Dios tiene mejores planes y creo que no le gustan los cliché. Lo que quería Él era enseñarme otra cosa.

Durante la primera semana aquí estuve intentando tener mis consejos editoriales con Él para este blog, los vídeos y demás; pero nunca alcanzaba el tiempo en la mañana y cuando me disponía a tener la reunión ¡oh sorpresa! mi chico decidía llamar y decirme: -alístate vamos a ir a tal lugar-. Ustedes no se alcanzan a imaginar lo que yo sentía por dentro cada vez que lo escuchaba.

La primera vez le dije de una que sí, sin reparos, sin jetas y con todo el amor. Pero las otras dos salió de mí la peor persona. Me volví de esas mujeres que exigen sus espacios, su tiempo y dejaba claro una y otra vez que no estaba de acuerdo, que iba a salir finalmente por obediencia pero no más. Lo peor es que luego me disfrutaba los planes y me daba cuenta que su intención era que yo saliera del encierro a conocer con él la ciudad.

Pero tampoco soy tan bruta. A la tercera vez supe que algo más grande estaba detrás de esto y decidí preguntarle a Dios qué quería enseñarme. Ahí entendí, que durante tres días me estuvo mostrando que mi obediencia y confianza no eran como yo había creído: una obediencia y confianza ciega como la que tuve con aquel piloto de la aerolínea en la que viajamos.

En pocas palabras yo pretendía escribirles algo lindo sin haber entendido la dimensión de lo que les diría. Y es que es simple, las que están casadas me van a entender, obedecer a la cabeza de la casa en un mundo donde el feminismo ha satanizado de tal manera a todos los hombres, echándolos en una misma bolsa no es fácil. Mucho menos es fácil aceptar que somos cuello y ellos cabeza.

Comprendí con esto que si no podía obedecer a mi autoridad directa puesta por Dios en la tierra, mucho menos podría obedecer a Dios ciegamente.

La Biblia nos dice que la voluntad del padre es buena, agradable y perfecta, nos dice además que todo lo que nos ocurre a sus hijos es para bien. También nos dice que la mujer debe estar sujeta al hombre y que el hombre debe estar sujeto a Cristo quien es la cabeza de la iglesia. No se trata de una guerra de poderes, se trata de estar sujeto cada uno a lo correcto para poder confiar y vivir vidas más tranquilas alejadas de la competencia y la exigencia.

Obedecer no es ir por la vida diciendo sí a todo, pero si no te hace daño lo que obedeces no hay porque temer. No siempre lo que queremos hacer es lo que más nos conviene y darle la oportunidad de ser cabeza a quien realmente lo es puede resultar liberador.

No necesito exigirle nada a mi esposo, mi lugar como esposa y como mujer no depende de eso. He descubierto que entre más le doy su lugar él me da el mio.

Mi lección está aprendida. Pero seguramente año tras año, tanto él como yo, tendremos que seguir trabajando en ser mejores en el rol que nos ha sido asignado. Pero sobre todo una y otra vez tendremos que montarnos en el avión de la confianza en Dios con una genuina obediencia por amor hacía Él y lo que nos pide


santalulada

martes, 7 de noviembre de 2017

La Charla Pendiente


No sé a ustedes, pero a mí eso de las charlas pendientes no me gusta, me genera un estrés impresionante, y por más que quiera saber qué me van a decir me desagrada tener que ir a encontrarme con alguien para cumplir ese tipo de citas. No por orgullo, simplemente porque al no saber qué esperar de alguna manera uno busca protegerse y evadir.

Hace poco tuve que vivir una, afortunadamente todo salió mejor de lo que esperaba, pero esta situación en particular me llevó a reflexionar y a comprender que es mejor no dejar nada pendiente así el resultado no sea el mejor.

Vamos por la vida dejando asuntos por resolver por temor a ser dañados y no pensamos que podría pasar algo mejor y ser sorprendidos. Durante mi adolescencia fui de esas que dejó relaciones inconclusas, amistades a medias saliendo herida e hiriendo. Sin querer me convertí en alguien que le huía a la verdad y al dolor. Temía ser sincera y que fueran sinceros conmigo, como si esconderme fuera la manera propicia para resolver y como si el tiempo no se encargara de lanzarte preguntas como: ¿qué hubiera pasado sí?

No deseo extender mucho este escrito, en realidad lo que quiero es motivarlos a resolver los asuntos pendientes, a ir con la verdad y esperar lo mismo. Pero sobre todo a dejar el orgullo de lado y tratar de cerrar el ciclo, sea para no volver o para reiniciar, para darse cuenta de que tenían razón o simplemente para entender que estaban mal. No hay nada peor que quedarse con la duda y no hay nada mejor que cerrar los capítulos de nuestras vidas para seguir escribiendo unos mejores.

Santalulada